SEGUNDO COLOQUIO INTERNACIONAL
con motivo del 126 aniversario del nacimiento
del General Emiliano Zapata

Lunes 8 y Martes 9 de agosto de 2005
Museo del Estado, Morelia, Michoacán

 

ZAPATA EN EL MUNDO
POR CELSO HUMBERTO DELGADO

Al agradecer la convocatoria que se nos ha hecho para participar en este excelente coloquio que ha organizado la compañera Margarita Zapata y al que ha contribuido con su experiencia la compañera Patricia, deseo también expresar mi satisfacción por participar en una mesa en la que Luis Ayala y Rolando Araya han expresado su opinión y sus reflexiones.

A 125 años del natalicio del calpuleque de Anenecuilco, es motivo de honda preocupación y reflexión Zapata y el zapatismo contemporáneo. La gama de temas que han sido tocados en el coloquio, dan para una formación, un diplomado y más que eso; dan para tomar las banderas, limpiarlas, sacudirlas, arrearlas, agitarlas una y otra vez, en torno a la cuestión principal que el Apóstol del Agrarismo Mexicano dejó para la posteridad.

El tema de esta mesa es "Zapata ante el Mundo"; yo quiero contarles algunas visiones, anécdotas y vivencias. Primero, sí es una profunda satisfacción que Luis Ayala nos haya traído aquí y ahora lo que ayer y también aquí Willy Brandt dejó en sus reflexiones sobre América Latina y sobre México en particular.

Zapata en el Mundo o ante el Mundo. Hace apenas unas 48 horas, el domingo para ser exactos, mientras muchos de ustedes estaban aquí o en Anenecuilco recordando el natalicio del héroe, la Confederación Nacional Campesina, fundada por el General Cárdenas y hoy presidida por Eladio Ramírez, y la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, la ANAP, de Cuba, coincidíamos en un parque que está en el barrio de Miramar, en La Habana, Miramar y Quinta. Hay una escultura de tamaño natural del héroe que hoy conmemoramos. Originariamente, ya había sido donada por el gobierno de Michoacán al pueblo de Cuba y la que el domingo homenajeamos en memoria del héroe, es un aporte de una gestión del Embajador Heriberto Galindo, en La Habana.

Al juntarse las dos organizaciones de campesinos, de productores, la Confederación Nacional Campesina de México y la ANAP de Cuba, y rendir testimonio de homenaje a Zapata, fuera del territorio de Zapata, estábamos midiendo una dimensión que tiene el guerrillero de Morelos.

Zapata en el mundo es muchas cosas, muchas cosas. Zapata en el mundo ya no se pertenece a Emiliano Zapata. En muchos casos, si siguiéramos un rigor biográfico, no tiene nada que ver con Emiliano Zapata. El campesino de Morelos, el calpuleque de Anenecuilco, el celoso del testimonio de los certificados de su pueblo, el que sufrió agravios en la familia, ése es. Siendo importante esa etapa extraordinaria en la vida de Emiliano Zapata, eso es parte de lo local.

El hecho histórico de Anenecuilco, que culmina luego trágicamente en Chinameca, en el mismo Estado de Morelos. 125 años después, Zapata es, además de eso, muchas otras cosas más. Zapata, en el mundo, es la lucha en México por los indígenas, ni siquiera campesinos. Zapata es representativo de revolución indígena, de las revoluciones indígenas de América Latina.

En su fase correspondiente, cuando lo vemos hacia adentro, es la protesta por recuperar lo que les fue quitado con la Conquista y lo derivado de la Conquista, con la colonización europea. Por eso, la primera etapa del zapatismo y del agrarismo mexicano es la reivindicación, la restitución de las tierras a los indios, a las comunidades indígenas despojadas que mantienen una lucha por el derecho, su derecho, sustentado incluso en documentos o títulos legitimados por los reyes de España.

Hay innumerables comunidades de México y del Continente, que guardan bajo siete llaves ciclavas estos documentos por hacerlos efectivos. Luego vendrá el ejido, que es una forma más moderna de la comunidad colectiva. Y, luego, vendrá también la otra etapa de la revolución agraria, que es la entrega de tierras a quienes no tenían. Es la dotación y luego la creación de nuevos centros de población, cuidando y respetando la pequeña propiedad con una dimensión socioeconómica que en nuestra Constitución está establecida.

Hoy, se dice muy fácil decir que el reparto agrario fue una medida insuficiente; sí: a 2004 fue insuficiente el reparto agrario. Fue insuficiente luchar por la restitución de los derechos agrarios. ¡Claro, también! Pero hay que situar también, con la perspectiva histórica y geográfica, la lucha por la tierra, que no es la misma la que se dio paralelamente entre el grito zapatista y el reparto de tierras que él hace en Ixcamilpa, Estado de Puebla, en 1912, y el grito de Alcorta, en Argentina, también de 1912.

Sólo que Alcorta gritaba por la justicia, a la que tenían derecho los colonos para rentar tierras a qué dedicarse en su trabajo. Y es, también, parte de un movimiento agrario en Uruguay, pero con la versión de los rentistas, que para nosotros los mexicanos tiene otra connotación, pero para ellos son los colonos que llegan de Europa y a los cuales el gobierno se obliga a rentarles una extensión de tierra, a la cual tienen que dedicarse a trabajar.

Los reclamos agrarios en el Cono Sur son porque se les den tierras para rentar y que luego, con el tiempo, puedan adquirir la propiedad. Y en esto adelanto, todavía la lucha por la tierra en Argentina hasta hace unos años era porque les dieran la oportunidad de comprar tierras que tenían cerca de 50 o 60 años de estar rentando. Y a la fecha se está transformando porque la tierra se está extranjerizando, del exterior llegan capitales aprovechando las devaluaciones, las crisis económicas, a comprar toneladas de hectáreas.

Visto a esta distancia y ante el mundo, cuando el 2002 el Banco Mundial y el BID se dirigen a los gobiernos y les dicen que hay líneas de crédito para que compren tierras y las repartan, están casi a más de 80 años, justificando, legitimando, coronando y reconociendo ese esfuerzo extraordinario por restituir las tierras y por dotar de tierras.

Parecería fácil decir que fue insuficiente, sólo que cuando Zapata y quienes heredaron los postulados de Zapata, quienes los tomaron y los hicieron suyos vía la ley del 6 de enero en México de 1915, y la Constitución de 1917, y el Código Agrario de ’34 o la Ley Federal de Reforma Agraria de 1971, para repartir la tierra se tuvo que usar el poder del estado revolucionario.

Para poder destruir esa forma de tenencia de la tierra que creó miseria, pobreza y sojuzgamiento: el latifundio. Con su tienda de raya, con su posesión y derecho de pernada sobre las mujeres y las familias. Repartir la tierra no fue una acción revolucionaria fácil, y en ese entonces fue repartir riqueza, aunque a la postre la observamos de manera aislada, como una forma insuficiente: dotar de tierra a quien no la tiene, es darle miseria. Absurdo.

Es una crítica insostenible. Sí, la lucha por la tierra o la reforma agraria, o la visión de la agricultura, no es solo la tierra sino también la técnica, los implementos, el crédito, etc., que esas ya son políticas de apoyo.

Pero, en todas partes, y todavía hace dos semanas en Brasil hubo un enfrentamiento armado por una toma de tierras, y hubo muertos otra vez. ¿Por qué? Porque la tierra sigue siendo punto de referencia. Su posesión, su propiedad, su arrendamiento, su aspiración o su despojo.

Aquí en México surgieron “las guardias blancas“ para proteger los latifundios contra la expropiación revolucionaria que hacían los gobiernos de Cárdenas hasta hace unos años. Todavía hace unos años, en Sonora, en Coahuila y en Chihuahua hubo problemas para entregar la tierra. Todavía hay problemas y conflictos agrarios por el reparto de dichos latifundios y por las fronteras o los límites entre ejidos y pequeñas propiedades, entre ejidos y comunidades y entre ejidos y ejidos.

Hubo partidos políticos, concretamente Acción Nacional, que se crearon, que nacieron para combatir el reparto agrario, y esto tan sólo hace 65 años –que es los que tiene Acción Nacional, que nació para combatir el reparto agrario de Lázaro Cárdenas.

No fue fácil repartir la tierra ni ha sido suficiente, pero ésa es la lucha zapatista y eso es lo que se ve y luego se refleja.

Hay, en nuestro tiempo, en muchas partes, calles que llevan el nombre de Emiliano Zapata: bustos, monumentos, hemiciclos, cátedras, en nuestro país… fundaciones, asociaciones, organizaciones, de todo tipo. Fuera del país los hay también. Los había hasta antes de 1994 y con todo y el elogio a los biógrafos extranjeros, y creo que la mejor biografía de Zapata es Raíz y razón de Zapata, de Jesús Sotelo Inclán. Respeto las preferencias de mi amigo, el senador panista.

También hubo filmes, películas, novelas, cuadros, pinturas, dibujos, Zapata se internacionalizó o, como diríamos ahora, se globalizó inmediatamente porque la lucha por la tierra supera las fronteras. Y la lucha de los oprimidos, de los pobres, supera las aduanas y está en todas partes.

Es, visto desde fuera de México, es una bandera para ser rebelde. Es una causa para ser revolucionario. Es una causa para estar en la sierra. No es casual que en el siglo pasado, los países que aplicaron o iniciaron esfuerzos de reforma agraria hayan sido países en donde hubo esfuerzos revolucionarios: Cuba, Bolivia, Ecuador, Guatemala, Chile, y todavía recuerdo los textos de Jackson Scholl, similares a los del extinto maestro Arturo Barbá. No es una casualidad.

¿ Que hay también en esos países que une y los hace más similares? Hay una actitud revolucionaria, hay un esfuerzo y una lucha social y por eso están cerca de la tierra. Y, sin ninguna vanidad de mexicano, sí está el antecedente zapatista: el de 1912, el del Plan de Ayala.

Y en esta parte del Plan de Ayala, es muy importante advertir la transición del guerrillero, en pensador; del calpuleque de Anenecuilco abierto a nuevas ideas.

Les relato un tránsito ideológico. Si recuerdan ustedes, el Plan de Ayala –que como todo revolucionario mexicano, Zapata también lanza su plan y lanza la lucha. Todos los revolucionarios tienen un plan: el Plan de Ayala, el Plan de Ayutla, el Plan de San Luis, el Plan de la Noria, el Plan de Tuxtepec, y luego viene la lucha.

Los contenidos de los planes son distintos pero siempre hay un plan, y hay toda una Historia de los planes en México, del maestro Silva Herzog.

El lema del Plan de Ayala, acuérdense ustedes cuál es… Zapata es conocido por “Tierra y libertad”; sin embargo, el lema del Plan de Ayala es: “Reforma, libertad, justicia y ley”. Ése es el primer lema de Emiliano Zapata.

La lucha de Zapata no es aislada, está en el universo de una revuelta nacional que hay en México contra la dictadura porfirista. Hay otra lucha social paralela y simultánea, muy fuerte: La que encabeza el Partido Liberal Mexicano, conducido por los hermanos Flores Magón, por Práxedes Guerrero, por Camilo Arriaga, que tienen el lema de “Tierra y libertad”.

Que tampoco es una creación exclusiva y pura de la mente, no, sino es producto de lecturas, desde la de Kropotkin hasta todos los revolucionarios del siglo XVII y XVIII. Y hay una relación política ideológica entre el magonismo y el zapatismo a través del maestro Otilio Montaño y otros más, que hacen y Zapata se abre e incorpora de los magonistas y de los anarquistas internacionales, de la primera internacional, el lema “Tierra y libertad”.

Por eso aparece, a partir de entonces, en todos los documentos zapatistas, “Tierra y libertad”. Ésta es una actitud de un revolucionario abierto al pensamiento, a las ideas, a la lucha e incluyente incorpora más revolucionarios, más ideas, para lograr llegar a sus objetivos.

El zapatismo, entonces, tiene este aspecto universal que recibe y nutre y a la fecha aún siendo conocido antes de 1994, aún estando en los frescos de pintores mexicanos o de pintores extranjeros, aún ocupando un espacio en la novela latinoamericana y en la novela internacional, aún siendo una figura que atraía escritores, a novelistas, a pensadores, a músicos, que inspiraba lo mismo una sinfonía que un corrido, que un son, sí, hay que reconocerlo, al juntarse las fechas de la entrada en vigor del TLC y el levantamiento del subcomandante Marcos y el Ejercito Zapatista, tiene otra dimensión a través de los medios internacionales.

Y en la globalización mediática y perdónenme estos dos conceptos tratar de unirlos, llega a vas-partis. Es el mismo Zapata del que hablamos de Anenecuilco, ya no es tal vez. La idea se ha transformado. Zapata ya no se pertenece a sí mismo, ni siquiera nos pertenece a los mexicanos. Zapata, como bandera, como protesta, como signo, como manta, como un afiche, como una pintada en una barda, pertenece al mundo.

Y en nuestro tiempo, con las contradicciones y grados de crisis económicas que tenemos, en medio de la guerra y de las guerras injustas contemporáneas –si es que hay alguna guerra justa–, en medio de todo eso, en medio de la lucha, porque el peso de la agricultura en los TLCs, en el ALCA, en la comunidad mundial, será más rotundo y más fuerte, de tal manera que trascienda de manera más eficiente en sus notas de justicia social, es parte de la mundialización, del pensamiento o del actuar, o del reflejo emblemático de Emiliano Zapata, y lo que se dice fuera de nuestras fronteras y la lucha por los indios. Por los indios y los sin Dios de los que hablaba Natividad Rosales.

Hoy, tiene también una versión: Zapata es del Sur. Es del Sur mexicano, sí, y del sur del mundo. Todavía recuerdo algunas frases de un zapatista, que nos enseñó a Zapata, José Muñoz Cota y Baltasar Dromundo, que nos decía: “Entre el verso y el ritmo del corrido, dicen que fue en Sur, por Morelos, Guerreo, por Oaxaca. Los patrones más ciegos que los ciegos, no miraron adentro los ojos de los indios dos cananas crecían sus pájaros de fuego. No supieron mirar los hacendados que en pecho del peón iba creciendo un torito de pólvora en una feria bronca de balas libertarias. La luna entró a saqueo y asaltó ventanas de guitarra. Estaba el general madurado en el árbol del máuser, a caballo, Emiliano Zapata”.

El mismo que quiso, en el poema de Neruda, y así lo veía el mundo, ver el cielo aparcelado en sus rodillas. El mismo que la pintora y poeta está esperando que cabalmente se cumpla su palabra.

Muchas gracias.